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En la pantalla de un cine de la calle Fuencarral






Todo esto sucedía
en la pantalla de un cine de la calle Fuencarral.
Entonces había un mujer
y un adolescente,
y después de hacer el amor
ella escuchaba la lectura de un relato
y las páginas de los libros que leía su amante
ponían en sus ojos manchas de humedad
que velaban de emoción sus pupilas.
El joven leía
y su voz
atravesaba con su haz de luz la penumbra,
las palabras conmovían los rincones miserables
de una habitación lúgubre
las oscuras paredes
la bañera, la cama al fondo.

Y los cuerpos eran hermosos
en la oscuridad,
y lo que hacían los cuerpos
cuando el libro había quedado a un lado.
En medio de la miseria
brillaba el verbo espléndido de Homero
y las historias entrañables de Chejov
y el amor violento de Lady Chatterley
bailando desnuda
la celebración del amor,
allá, junto a la cabaña de troncos.

A ratos la lectura
destilaba, sin embargo, un dolor opresivo,
el fuego de los cuerpos
trataba entonces de levantar una cortina de humo
entre la memoria y el presente
una marea que ahogara el pasado inmisericorde.



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